Desde que tengo memoria los libros han sido parte de mi vida; uno de los primeros libros que tuve en mis manos fue el “El Mago de Oz” ilustrado, era más un cómic que un libro, pero me fascinaba ver las letras entre los dibujos y esperaba el día que pudiera leerla, no recuerdo haberlo leído.

Uno o dos años después tuve mi primer libro, creciendo en un hogar católico y teniendo una abuela que daba catequesis, la opción obvia para ellos fue regalarme “La biblia para niños”, libro del que llegué a tener tres ejemplares, el que me regalo mi abuela, el que me dio una monja y el que obsequiaron mis padres, ningúno sobrevivió a las mudanzas que mi familia o yo hemos hecho.

Este libro era un conjunto de historias resumidas, muy resumidas, de los principales pasajes del Antiguo Testamento, y la única historia que todavía recuerdo, a pedazos, fue la de José el soñador; lo mágico de esta memoria es que al recordarla es qué o me imagino a mi mismo acostado en mi litera o bien, revivo las partes de la historia que aun conservo, pero no en párrafos o letras, estos recuerdos llegan en imágenes, y sé que desde que empecé a leer, cada libro que me ha gustado, lo revivo de esa misma manera.

Poder recordar de esa manera los libros, fue lo que me hizó que me fascinaran, ya no eran simplemente letras un libro, se volvieron mundos a donde escapar y compartir aventuras con los protagonistas.

Espero no ser el único que recuerde los libros que ha leído de esa forma.

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